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lunes, 2 de abril de 2012

EL CABALLERO ENMASCARADO (Ameller, 1944)










Editorial: Ameller

Año: c. 1945
Ejemplares:  18
Dibujos:  Ayné
Guión:  Ayné
Tamaño:  21 x 32 cm.
Páginas:  8 + cubiertas
Precio:  1 pta.





Justiciero enmascarado en clave humorística, algo nada habitual hasta el momento en el tebeo autóctono. Creación del inolvidable Antoni Ayné, dibujante de referencia en la historieta española que en sus primeros años alternó por igual el dibujo infantil y el realista. Autor, entre otros, de personajes tan celebrados como Don Triqui, Narizán o El Profesor Carambola.

Hacia mediados de los años cuarenta, los héroes justicieros campaban a sus anchas por tebeo nacional. Muchos de ellos impartían justicia desde la clandestinidad que les proporcionaba un antifaz, máscara o capucha. Dentro de esa tendencia se engloba la presenta cabecera, aunque con una clara diferencia: su envoltura cómica, un físico risible por mucho que el aspecto de este caballerete justiciero se asemejara al de un verdugo.

Divertidos guiones, obra así mismo de Ayné, repletos de malos malísimos, que casi siempre coincidían con sabios majaretas empeñados en mil experimentos. Pero ahí estaba siempre nuestro héroe repartiendo justicia, reconduciendo a los descarriados. "No hay mejor felicidad que cumplir con el deber", solía decir.

La colección alcanzó dieciocho ejemplares, todos ellos en gran formato y rarísimos de ver en el mercado coleccionista.


Cuaderno núm. 3




Página interior del cuaderno núm. 3

domingo, 25 de marzo de 2012

DOS YANQUIS EN ÁFRICA (Fantasio, 1947)











Editorial: Fantasio
Año: 1947
Ejemplares:  4
Dibujos:  Ambrós - Nadal
Guión:  Ambrós
Tamaño:  22 x 32 cm.
Páginas:  8 y 10 + cubiertas
Precio:  1,50 pta.






Una de esas colecciones que todo aficionado al tebeo clásico menciona, pero que nadie conoce. Dos Yanquis en África ha pasado a la historia por ser la serie que dio la alternativa a Miguel Ambrosio Zaragoza (Ambrós) en el campo del cuaderno aventurero, aunque esta primera aparición del autor gráfico del Capitán Trueno no resulte quizás tan digna de honores debido al chapucero criterio llevado a cabo por el sello Fantasio en la edición de los cuatro cuadernos que forman la serie, algo por otra parte habitual en esa editora y en esos años. Tampoco el futuro padre del tebeo moderno de aventuras mostraba aquí mayor categoría que la de meritorio, con un trazo escasamente dinámico que recordaba al de Eduardo Vañó y Carlo Cossio en sus respectivas creaciones Roberto Alcázar  y Pedrin y Juan Centella.
En una entrevista al autor realizada por uno de los mayores expertos en su obra, Leonardo Pérez Alcántara, Ambrós aseguraba haber realizado tan sólo dos cuadernos de esta serie, compuestos ambos por dieciséis páginas, con sus correspondientes portadas. Y así fue, a tenor de las pruebas reflejadas en los cuatro cuadernos que albergó la colección, aunque del primero sólo podamos ofrecer suposiciones, ya que no hay nadie, que sepamos, que lo posea o haya visto.
Pero sí hemos podido analizar con detenimiento es el resto de cuadernos. Y lo que podemos contar es lo siguiente:
Nº 1. EN PODER DE LOS CANÍVALES. Portada presumiblemente de Nadal (el otro dibujante de la serie) e interiores de Ambrós (Ambrosio), con una foliación del 1 al 8.
Nº 2. EL TUNEL FATAL. Portada (fechada en febrero de 1947) e interiores de Ambrós. Curiosamente, el cuaderno comienza en la página núm. 9, con ausencia de la viñeta inicial en la habitualmente aparecía la sinopsis de todo cuaderno de continuará, y finaliza en la 16, lo que refuerza el mencionado comentario de Ambrós asegurando que sólo había realizado dos cuadernos de 16 páginas cada uno.
Nº 3. LA FUGA. Portada e interior de Ambrós. Diez páginas interiores numeradas del 1 al 10. Aquí la viñeta inicial sí muestra la sinopsis de las anteriores dieciséis páginas y titula el cuaderno como “La Evasión”, en contraste con el título de portada. 
Nº 4. EL REGRESO. Portada de Nadal y páginas interiores de Ambrós y el propio Nadal, con una foliación tan alterada como ridícula. El cuaderno empieza en la página 11, para rectificar en la siguiente con el número 2. Las seis primeras son obra de Ambrós. Precisamente en la sexta página --la última de las 32 dibujadas por el autor de Chispita--, se produce una extraña circunstancia. En ella se observa, además de la firma del autor, la palabra Fin burdamente disimulada, a fin de facilitar a la editorial la continuación del relato hasta completar las diez páginas del cuaderno; cuatro páginas añadidas que fueron encargadas a Nadal. Se ponía fin así a las aventuras de esta surrealista producción editorial.  

A pesar de tamaño desbarajuste, estamos ante una de las joyas coleccionista del tebeo autóctono, tan difícil de ver que muchos aficionados han dudado largo tiempo de su existencia. Hoy ya podemos dar fe de ella, aunque conseguir un solo ejemplar de esta serie resulte tarea imposible.
Nuestro agradecimiento a Leonardo Pérez Alcántara, por su ayuda documental.


Cuaderno núm. 2


Última viñeta dibujada por Ambrós. Pertenece a la página seis del cuaderno núm. 4, último de la serie.
En ella se puede observa la palabra FIN alterada (parte inferior de la viñeta)


 Página interior del cuaderno núm. 2


viernes, 23 de marzo de 2012

CARLOS RAY, CORAZÓN DE ACERO (Valenciana,1943)




Editorial: Valenciana
Año: 1943
Ejemplares:  8
Dibujos:  Vañó-Gago
Guión: 
Tamaño:  15 x 21 cm.
Páginas:  8 + cubiertas
Precio:  40 cts.







(Ver entrada Carlos Ray 1941)
Readaptación de la primera serie protagonizada por el personaje en 1941, esta vez de la mano del dúo Eduardo Vañó (portadas) y Manuel Gago (interior).
La primera edición había resultado un fracaso, no sólo de ventas –que quizás no lo fue— pero si en cuanto a hechuras gráficas y narrativas. Así, Valenciana decidió apoyar de nuevo al personaje, confiando en el superior saber hacer de la pareja de dibujantes de la casa anteriormente mencionada, que, justo es reconocerlo, aún no estaban para muchas florituras.
Vañó (o el dibujante que estuviera detrás de esos primitivos dibujos, que no está nada claro), mejoró su trabajo? anterior, con una disposición de portadas en línea con las que el autor venía mostrando en Roberto Alcázar y Pedrin, compuestas en su mayoría por varios fragmentos narrativos, a modo de viñeta, que daban una idea de la acción desarrollada en el interior de cada cuaderno. Sin duda, altamente efectistas. 
Y como no podía ser de otra manera, también Gago, que por ese entonces evolucionaba a pasos agigantados su Guerrero del Antifaz, mejoró ligeramente el dibujo y la narración interior.
Ocho ejemplares en total, las misma cantidad y los mismos guiones de la primera edición.

Cuaderno núm. 4



 Página interior cuaderno núm. 4


martes, 20 de marzo de 2012

AVENTURAS DE BÚFFALO BILL (Proa, 1943)











Editorial: Proa
Año: 1943
Ejemplares:  6
Dibujos:  Branton (René Brantonne)
Guión: 
Tamaño:  20 x 27 cm.
Páginas:  16 + cubiertas
Precio:  1,50 pta.






Primera aparición seriada en el tebeo autóctono de este mítico personaje popular del folklore norteamericano, aunque con anterioridad su figura había sido glorificada en diferentes soportes: novelas, folletines, cromos, cine..., incluso en multitud de páginas de historieta repartidas por varios semanarios de la década anterior.

La cabecera, junto a otros títulos como Robison Crusoe y César y Alfonso, formó parte de la serie base titulada Colección de Aventuras Sorprendentes, que asimismo representó el estreno editorial de Proa en el campo de la viñeta. Un sector que empezaba a exigir cierta experiencia y mejor hacer. Y aunque Proa lo intentó, tan sólo pudo mantenerse con vida tres o cuatro años, a pesar de la excelencia de muchas de sus ediciones, cuidadísimas en su presentación. Este sello se autodefinía como especialista en Periódicos, Revistas y Obras de Arte.

Aventuras de Buffalo Bill sólo pudo extender su caza de indios, que no de búfalos, hasta un total de seis ejemplares, primarios en su composición interior y sugestivos en cada portada. La colección simplificó su título a partir del quinto cuaderno, pasando a llamarse Buffalo Bill. 

Serie de procedencia francesa --obra del dibujante y cartelista René Brantonne, autor que aquí en España fue bautizado como Branton-- publicada por vez primera en 1941 en la serie "Les Grandes Aventures", al igual que sucedería con otro de los trabajos de este autor, también publicado por editorial Proa en ese tiempo: Robinsón Crusoe.




Cuaderno núm. 3




Página interior cuaderno núm. 3


lunes, 12 de marzo de 2012

CARLOS RAY, CORAZÓN DE ACERO (Valenciana, 1941)









Editorial: Valenciana
Año: 1941
Ejemplares:  8
Dibujos:  Vañó?
Guión: 
Tamaño:  15,5 x 21,5 cm.
Páginas:  16 + cubiertas
Precio:  50 cts.





La irrupción de Editorial Valenciana en el segmento tebeo no puede calificarse de ejemplar, ni siquiera de aceptable, aunque la evolución posterior y el éxito de masas alcanzado por Roberto Alcázar y Pedrin eche por tierra esta objeción personal.
El caso es que tanto la presente colección, como las dos que le precedieron, la mencionada Roberto Alcázar y Pedrin y Bob Tailer el Justiciero, las tres de 1941, tuvieron unas hechuras poco ejemplarizantes en términos gráfico-narrativos. Luego Roberto y su acompañante Pedrin demostrarían que no es tanto como se empieza sino como se acaba. Pero lo cierto es que Carlos Ray no pasó de ocho ejemplares, todos ellos diseñados por un inexperto… Vañó?
Viendo los desmañados dibujos es normal que uno albergue dudas respecto a la autoría de este jovencito aventurero. Lo más probable es que pertenezca a Eduardo Vañó, pero hay motivos más que evidentes para la duda. Si el dibujo de los primeros cuadernos de Roberto era estático, sin apenas fondos ni perspectiva, las carencias de Carlos Ray eran aún mayores. Por no hablar de los textos de apoyo, que aquí fueron inexistentes.
La única explicación posible es que Carlos Ray fuese gestada con anterioridad a la Colección Alcazar, una de esas creaciones que una vez concluidas se quedaban en el cajón del autor o editor en espera de la bendición definitiva para ser publicada. No es más que un opinión, claro, pero no gratuita. Si alguien observa los globos o bocadillos de la colección verá que tienen algo de primitivo, de inhabitual. Mientras que el cuaderno inaugural de la Colección Alcázar (y todos los demás) mantenía el carácter generalizado de la época; esto es, un globo con textos del que se desprendía un apéndice en forma de uve direccionada hacia el personaje parlante –de los que aún perduran hoy día, vamos-- , Carlos Ray mostraba una ligera diferencia, una forma poco habitual de conectar bocadillo y personaje, como pueden observar en la página reproducida más abajo, lo que a mi modo de ver pone de manifiesto un uso precursor. 
Cuaderno núm. 8



 Página interior del cuaderno núm. 4, donde se puede 
observa el uso atípico de conexión entre globo y personaje.