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jueves, 11 de octubre de 2012

HAZAÑAS BÉLICAS 1ª Serie (Toray, 1948)

















Editorial: Toray
Año: 1948
Ejemplares:  29
Dibujos:  Boixcar
Guión:  Boixcar
Tamaño:  17 x 24 cm.
Páginas:  10 + cubiertas
Precio:  1,25 pts.

Las guerras son tan antiguas como la humanidad, sin embargo para el tebeo esas guerras pretéritas no fueron casi nunca bélicas sino epopéyicas. Lo bélico es un concepto más de nuestro tiempo, coetáneo de la narrativa dibujada, del tebeo en definitiva. De hecho, el cuadernillo nace y tiene su primer desarrollo en paralelo a la 2ª Guerra Mundial (1941-1945). La concepción de lo bélico se afianza en la sociedad española con nuestra guerra civil –aunque este conflicto nunca existiera a los ojos de la historieta clásica autóctona--.
Para los nacidos en la primera mitad del siglo XX, el término bélico se apuntala con la 2ª Guerra Mundial. Incluso hoy, cuando se piensa en guerra, el primer referente que viene a la memoria es, por simplificarlo de alguna manera, una cruz gamada o los campos de exterminio nazis. Ni siquiera la primera guerra mundial ha contado mucho para la memoria colectiva…, eso queda muy lejos. Sólo el desvarío del nazismo y el bombardeo de Pearl Harbor con los japoneses en plan kamikaze, llegaron al imaginario popular con la fuerza suficiente como para que el tebeo colocara ahí también sus miras comerciales.
También la guerra civil coreana tuvo su impacto en la sociedad de los años cincuenta, pero, como decimos, fueron los conflictos español y, especialmente, alemán quienes más contaron para la literatura, el cine y los tebeos. Dentro de ese tendencia se engloba esta creación de Boixcar que fue presentada así por Ediciones Toray: Emocionantes episodios de la última gran guerra, magistralmente relatados por BOIXCAR. Todo el heroísmo, abnegación y nobleza que derrocharon infinidad de combatientes, héroes anónimos de la guerra, fielmente expresados en esta gran publicación.
Cuaderno núm. 9

Hazañas Bélicas (1ª serie) constituyó uno de los grandes éxitos de la editora barcelonesa Toray, aunque la mayor resonancia de la cabecera llegaría con la segunda serie, a partir de 1950. Era la primera gran incursión del tebeo de posguerra en el apartado bélico. Con anterioridad, sólo dos intentos fallidos: uno de Ediciones Harpo (Ray London, 1947), y otro de la Editorial Augusta (Episodios de Guerra, 1948), este último con los hermanos Blasco a la cabeza.
El primer cuaderno situaba la acción en Pearl Harbour, acontecimiento bélico de no lejano impacto social, si bien la colección siguió su andadura por los diferentes escenarios y hechos relevantes relacionados con la guerra: África, Filipinas, Italia, Hiroshima, Normandia, etc.
Boixcar repartió protagonismos con mano izquierda. No debió resultarle fácil lidiar con guiones basados en una guerra que habían ganado los aliados, incluida Rusia, y perdido los alemanes, a los que Franco había ayudado enviando la División Azul. Salvo en el caso de los japoneses, señalados siempre como seres sanguinarios, el resto de países implicados en la 2ª Guerra Mundial promediaron protagonismo en la victoria y en la derrota. Interesaba la historia en sí, y no tanto la nacionalidad de quienes la vivían. Importaba el drama personal, no si los protagonistas pertenecían al bando alemán, francés, ingles, americano, etc. Con la salvedad del ruso, que nunca sería protagonista principal; siempre antagonista en sus confrontaciones con los alemanes. La serie también contó con algún que otro protagonista español, en un papel colateral respecto a la guerra, pero implicado al fin y al cabo por culpa de los caprichos del destino. 
Los guiones, por lo general, no abordaban nunca el conflicto bélico de turno de forma obsesiva o excluyente. La guerra sólo era el nudo que ahogaba o liberaba a los personajes abocados a ella y que previamente habían tenido un punto de partida donde se ponía de manifiesto su cotidianeidad, sus circunstancias más íntimas o personales. Protagonistas a los que la guerra secuestraba de sus quehaceres diarios, rompiendo así una vida hasta ese momento normal. Boixcar evitó hurgar en buenos y malos y centró sus fábulas en el drama personal de sus protagonistas, salvo en el caso japonés, como antes hemos comentado.
Cuaderno núm. 10


Boixcar llegó a Toray procedente de Marco, editorial a la que había regalado varias creaciones inolvidables, entre ellas El caballero negro y El puma. Y lo hizo con el proyecto de la mano, asumiendo tanto el guión como la realización gráfica; algo que se cumpliría a rajatabla en veintiocho de las veintinueve entregas. El interior del cuaderno restante (Nº. 26) corrió a cargo de su hermano José María y del guionista Feralgo. Todos los cuadernos, salvo un par de ellos, tuvieron un desarrollo monográfico.
Con Hazañas Bélicas el autor ejerció un cambio total de registro, sustituyendo las espadas y el boomerang por las bombas. Y lo hizo de forma magistral, con un trazo limpio y formal y una disposición narrativa madura y elegante. Excelentes también la portadas, quizás de lo más relevante. Los guiones, bien hilvanados, destapaban el dramatismo de la guerra, pero siempre a través de historias con personajes de carne y hueso, humanizando al máximo cada aventura.
La colección fue abortada cuando llevaba publicados 29 números, sin que se sepa la razón que llevó a Toray a desvestir un santo para vestir casi de inmediato a otro que en nada difería del primero. Quizás la razón de esta prematura finalización haya que buscarla en la imposibilidad de Boixcar para cumplir con los otros compromisos adquiridos con la editorial. Compromisos en forma de series que quizás habían sido programadas con antelación. De hecho, en el cuaderno número 25 se anunciaba la aparición de Flecha Negra. Tiempo más tarde, cuando el autor había despachado el maravilloso trío de creaciones compuesto por la mencionada colección, La Vuelta al Mundo de dos Muchachos y El Hijo del Diablo de los Mares, retomó de nuevo la que, al parecer, había proyectado en esos dos años de actividad editorial mejores perspectivas.
Hazañas Bélicas, 1ª serie, tuvo una segunda edición meses más tarde en nueve tomos recopilatorios. 

Cuaderno núm. 1



Página interior cuaderno núm. 3


miércoles, 3 de octubre de 2012

ROSTRO DE CUERO (J. L. Aguilar, 1943)









Editorial: J. L. Aguilar
Año: 1943
Ejemplares:  4
Dibujos:  José Grau
Guión:  Pastor
Tamaño:  21 x 32 cm.
Páginas:  14 + portada 
Precio:  1,50 pta.


Colección perteneciente a J. L. Aguilar, sello valenciano de efímera vida editorial. Tan sólo un año de actividad, 1943, fecha por tanto de este serial de ambientación cosmopolita. Rostro de Cuero fue el primer personaje enmascarado autóctono en dar nombre a una cabecera en tiempos de posguerra, iniciando así una tendencia de héroes sin rostro que se extendería durante casi tres décadas.

Casualidad o no, en ese mismo año hizo también su aparición en España un misterioso personaje dentro de una de las novelas de la editora Cliper que respondía al nombre de El Encapuchado, personaje creado por Guillermo López Hipkiss que más tarde tendría su propia colección de novelas y muchos días de gloria en la viñeta. La correlación estética entre ambas capuchas, estilo verdugo, fue más que evidente.

Pero lo que no debió ser tan casualidad es la influencia que sobre el personaje en cuestión pudo tener una de las colaboraciones que José Grau, su autor gráfico, realizó para Editorial Valenciana por ese tiempo dentro de la mítica Selección Aventurera. Grau había realizado ese mismo año de 1943 varios seriales de resonancias cinematográficas, entre los se encontraban tres cuadernos-jornada protagonizados por El Misterioso Doctor Satán, un malvado científico a quien trataba de meter en vereda un encapuchado justiciero llamado El Cobra.

La impostura facial de El Cobra y Rostro de Cuero era calcada, diferenciada tan sólo por un par de detalles en la máscara del segundo. De un lado el material del disfraz que, como refleja el propio nombre de la cabecera, era de cuero. Y de otro, un pequeño emblema o símbolo en la zona frontal de la capucha en forma de sol. Curiosamente, un par de años después Grau volvería a utilizar la fórmula del héroe enmascarado en la colección de Grafidea El Capitán Sol (1948), aunque esta vez el astro no descansaba sobre la máscara sino en el pecho.

El hombre de la máscara de cuero era en realidad Álvaro Sandoval, un deportista español con altruista vocación justiciera, de ahí que cuando entraba en acción decidiera evitar ser identificado, aun a riesgo de hacer pasar por cobarde a su otro yo, a Sandoval, como sucedía en su primera aventura, en la que tiene que salvar a la hija de un químico inventor de la gasolina sintética. Ya saben: banda que secuestra a hija para apoderarse de la fórmula de su sabio progenitor.  

Comentábamos en una entrada anterior dedicada a los cuadernos monográficos editados por J. L. Aguilar, la singularidad de este sello, su buen hacer editor: gran formato, excelente papel, calidad de impresión y colorido interior; algo inusual en los tebeos de esos primeros años cuarenta. Atributos todos que recayeron en varias de sus cabeceras, entre las que también se encontraba Rostro de Cuero. A pesar de todos los esfuerzos editoriales, y de la impactante presentación de este héroe enmascarado, la colección tuvo que arriar velas en el cuaderno número cuatro: 1,50 pta. era un precio demasiado elevado para un mercado que ofrecía productos similares --con la única diferencia del color interior-- a 1 pta. e incluso a 60 cts. 


Cuaderno núm. 1



 Página inicial del cuaderno núm. 1


viernes, 28 de septiembre de 2012

EL GUERRERO DEL ANTIFAZ (Valenciana, 1944)











Editorial: Valenciana
Año: 1944
Ejemplares:  668
Dibujos:  Manuel Gago, Matías Alonso
Guión:  Manuel Gago y Pedro Quesada
Tamaño:  17 x 24 cm.
Páginas:  16 y 10 + cubiertas
Precio:  75 cts. 1, 1,25, 1,50, 1,75 y 2 pts.


Si hay que señalar una colección paradigmática del tebeo de acción esa es sin duda El Guerrero del Antifaz; pura esencia del folletín más trepidante y de la novela de aventuras decimonónica.
Su creador, Manuel Gago, está considerado el autor más activo de cuantos se dieron cita en el cuadernillo español de posguerra; el padre de la hoy denominada “escuela valenciana”, si es que se puede llamar así a la gran eclosión de autores y obras que se dieron en la zona levantina entre 1940 y 1960. 
El dinamismo narrativo de El Guerrero del Antifaz, pleno de acción e intrigas, acabaría marcando tendencia y poniendo de moda la fórmula del continuará. Ello provocó la aparición de una gran cantidad de autores que entre 1944 y 1960 trataron de emular el éxito de la cabecera.
Según algunos estudiosos del medio, la idea del personaje nace de un cuaderno monográfico, de procedencia italiana, publicado por Hispano Americana en 1942. Narraba las aventuras de un caballero cristiano durante las Cruzadas: Lorenzo de Sobrarbe, un valeroso noble español que respondiendo a la llamada del Papa Urbano II a participar de las Cruzadas, se ve envuelto en una trama que acaba con su expulsión de las mismas. Lorenzo continuará su lucha contra los musulmanes, confiando en que llegue el día en que se haga justicia. Con su rostro oculto por una capucha, causará estragos en el campo de batalla y su figura será temida y admirada bajo el nombre de El Cruzado Negro.



El Cruzado Negro
Cuaderno publicado por Hispano Americana en 1942
dentro de la serie extra de Las Grandes Aventuras 
Otras fuentes apunta como antecedente del personaje la novela Los Cien Caballeros de Isabel la Católica, de Rafael Pérez y Pérez. Pero sobre esta novela y la influencia que ejerció sobre Gago se ha escrito ya lo suficiente como para no insistir más aquí.

Los cien caballeros de Isabel la Católica
Novela de Rafael Pérez y Pérez

Sea como fuere, lo cierto es que la verdadera antesala de El Guerrero de Antifaz tuvo lugar en un cuaderno monográfico de la multiserie Selección Aventurera (Valenciana, 1940) titulado El Juramento Sagrado y publicado hacia 1943. Aquí el protagonista era un cristiano enmascarado –luego se sabrá que es enmascarada— que intenta dar muerte al asesino de su padre, un tal Alí. Y como telón de fondo la conquista de Granada por los Reyes Católicos.


El Juramento Sagrado, antesala de El Guerrero del Antifaz.
Cuaderno publicado hacia 1943 en la colección
Selección Aventurera (Valenciana, 1940)
El 24 de octubre de 1944 aparece por vez primera en los quioscos el personaje llamado a romper todas las previsiones de Valenciana. Ya desde los primeros números se adivina que la colección puede prosperar de lo lindo a poco que se la mime. Y Manuel Gago la mima a base de ingredientes que pronto conseguirán que sea percibida como una colección admirable: drama, acción, amores posibles e imposibles, malvados insuperables, etc. Todo ello dentro de un marco o trama seudo histórica que gira alrededor de un personaje enmascarado que, a medida que la colección avanza, adquiere una grandeza narrativa y fuerza escénica desconocida en el medio.
Cuaderno núm. 2. Primera edición

Semana tras semana se incorporan a la colección nuevos lectores, lo que obliga a la editorial a reeditar una y otra vez los primeros cuadernos. La evidencia del fervor popular que alcanza el personaje se pone de manifiesto en las cercanías de quioscos y librerías de toda España, donde decenas de personas esperan durante horas la llegada del último cuaderno con el deseo de que en él acaben las fechorías de Ali Kan, el malvado más odiado del tebeo español. 
Manuel Gago no sólo creó un personaje incomparable, también supo condimentarlo con excelentes secundarios, una galería de coprotagonistas que desfilaron por la serie compitiendo en magnetismo y aceptación popular con el héroe enmascarado: Ana María, Fernando, Don Luís (Conde de los Picos), Zoraida, El Pirata Negro, Olián , Los Hermanos Kir…, y, como antes referíamos, el más despreciable de los villanos que haya habitado jamás una viñeta: Alí Kan.
Dibujo de Agencia, original inédito de Matías Alonso


La habilidad de Gago en la narración del continuará para dejar lector literalmente enganchado una o vez y otra también fue admirable. Desavenencias con Valenciana propiciaron que el autor abandonara temporalmente la serie, que pasó a manos de Matías Alonso durante el tiempo que duró el desencuentro. La enorme popularidad del personaje provocó la edición de varios álbumes de cromos y figuras troqueladas. Sin duda uno de los tres grandes hitos del tebeo patrio.     
Cuadernos núm. 1 y 49, en los que se aprecia 
la evolución del autor


martes, 25 de septiembre de 2012

EPISODIOS INFANTILES (Fantasio, 1946?)
















Editorial: Fantasio
Año: 1946?
Ejemplares:  1?
Dibujos:  Jorge Guilimany
Guión:  Jorge Guilimany
Tamaño:  32 x 42 cm
Páginas:  7 + cubierta
Precio:  1,50 pts.






Fantasio fue una pequeña editorial que nunca destacó por la excelencia de sus colaboradores, habitualmente novicios o escasos de reputación. Ni tampoco por haber alumbrado grandes cabeceras que perduraran en el tiempo. Sin embargo, posee hoy el reconocimiento de los aficionados al medio al haber dado cobijo a Miguel Ambrosio (Ambrós) en su primera aproximación a la viñeta con la serie Dos Yanquis en África (1947)
Editorial de grandes contrastes, capaz de lo peor y de lo peor aún, que lo mismo abordó una cabecera de bolsillo que una, como la presente, de tamaño king size y carente de color en su anverso. Aunque hay que reconocer que la portada mostró cierto impacto visual con ese despliegue de tamaño. Nada menos que 42 x 32 cm. Algo inusual en un tebeo de carácter aventurero que pretendía competir con éxito en un mar de cuadernos de presencias cromáticas.
Quizás sólo fue un intento diferenciador, un ensayo que intentaba atraer a nuevos consumidores. No lo sabemos. O tal vez fue un grito desesperado ante el fracaso continuado de la editora en su empeño por conseguir el éxito. Lo que parece seguro es que no pretendía ser un cuaderno monográfico, dado el carácter del personaje, un enmascarado justiciero por obra y gracia de tres calaveras sagradas que en vida pertenecieron al esqueleto de otros tantos emperadores. Aunque lo más probable es que la cosa se quedará ahí, en un solo ejemplar.
Tebeo raro, raro, donde los haya. Quizás el ejemplar aquí reproducido sea el único conocido de todo el segmento coleccionista. 
El responsable del guiso fue Jorge Guilimany, dibujante adscrito más tarde al grupo de autores del sello A. Genies y del que pocos datos podemos ofrecer debido a su escaso recorrido profesional. La acción transcurría por la cordillera China de Kalgan, con aniquilaciones por parte de bandidos japoneses de los pueblos de la zona. En medio un avión americano cuyos ocupantes, el Teniente Tedson, el Mayor Hovans y una guapa mujer, deciden aterrizar ante el dantesco panorama de destrucción que observan desde las alturas. Pronto hará su aparición un justiciero enmascarado luciendo tres calaveras sobre su pecho, en un guiño claro al personaje de Lee Falk, El Hombre Enmascarado.   

Cuaderno núm. 1



Fragmento interior

jueves, 20 de septiembre de 2012

RICARDO MANTECA Y JORGITO APUROS (Bruguera, 1947)








Editorial: Bruguera
Año: 1947
Ejemplares:  11
Dibujos:  Luis Gago
Guión:  Luis Gago
Tamaño:  15 x 21 cm
Páginas:  8 + cubierta
Precio:  50 cts.


Cuaderno Núm. 6


Cuando en 1947 fue presentada la presente colección, hacía ya tiempo que Bruguera miraba de reojo cuanto acontecía en Valencia, en la Editorial Valenciana, concretamente. La editora catalana, ex Gato Negro, llevaba años buscando una cabecera de largo alcance popular, algo que no había conseguido del todo a pesar de contar con una camada de excelentes dibujantes. El camino andado era en cierta manera sobresaliente, con series como Bala Certera (1942), Aventuras y Viajes (1943), Cuentos Populares Españoles (1944)..., y algo más tarde, con otras creaciones coetáneas de la presente colección, tales como El Hombre de la Estrella (1947) o El Caballero de las Tres Cruces (1947). Pero las miradas a Valenciana eran inevitables; allí hervían de éxito un par de títulos, personajes que acaparaban las miradas y envidias de cualquier editorial: Roberto Alcázar y Pedrín (1941) y El Guerrero del Antifaz.
Estas dos cabeceras relucían en los quioscos como ningunas otras, éxito que de alguna manera recaía en sus creadores, Eduardo Vañó y Manuel Gago, especialmente en este último, que se había convertido en el gran paradigma del tebeo de aventuras de posguerra. Quizás por eso, Bruguera decidió probar suerte con Gago. Y quizás por eso, apostó por esta colección interpretada por una pareja a lo Roberto Alcázar y Pedrín que dio en llamar Ricardo Manteca y Jorgito Apuros. Un dúo formado por un detective privado y su ayudante, a quien también le gustaba repartir leña estaca en mano.

Pero sucedió que Manuel Gago sólo tenía dos manos y que éstas estaban secuestradas por Valenciana; bastante hacia el hombre con sacar adelante su Guerrero del Antifaz, su Pequeño Luchador y un sin fin de ayudas y colaboraciones en otras series de la editora de Juan Bautista Puerto. Gago, sí, pero no Don Manuel, sino Luis, que en esta su primera colaboración seriada firmó en un principio como Islu (su nombre de pila invertido)
La inexperiencia de Luis Gago, así como su escasa destreza para el dibujo quedaron patentes desde el inicio, a pesar de que algunas portadas evidencian cierta ayuda de su consagrado hermano. La colección puso fin a su andadura cuando alcanzaba el cuaderno número once. Una cifra ciertamente significativa dada la nula calidad referida, a la que tampoco escapó el propio guión: Ricardo y Jorgito se encuentran en su apartamento comentando las noticias que aparecen en el periódico acerca de las fechorías de una banda de malhechores encabezada por un tal Muller. Suena el teléfono y Jorgito, que tiene más ganas de jarana que Pedrín, comprueba con algarabía que al otro lado se encuentra un Inspector de Scotland Yard solicitando ayuda para capturar a los famosos bandidos. Les suena, ¿verdad? 
Quizás lo más significativo de esta colección sea el haber compartido año y sello editor con la mítica Pulgarcito, la revista que cambiaría para siempre el curso de la historieta española. 

Cuaderno núm. 1



 Página interior del cuaderno núm. 1