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viernes, 6 de septiembre de 2013

HOMBRES DEL MAR (Toray, 1951)




Editorial: Toray
Año: 1951
Ejemplares:  5

Dibujos:  J. Sánchez
Guión:  J. Sánchez
Tamaño:  17 x 24 cm.
Páginas:  10 + Cubiertas
Precio:  1,25 pts.


Las aventuras en el mar, los piratas, los galeones, los abordajes, las luchas a babor y estribor fueron ingredientes habituales en el tebeo clásico español. Y por ese tiempo Toray era toda una experta en esas coordenadas marinas repletas de personajes grotescos y parcheados. Por los quioscos habían pasado ídolos de la viñeta como El Capitán Coraje (1946), El Diablo de los Mares, El Hijo del Diablo de los Mares por obra y gracia de memorables autores: Iranzo, Ferrando y Boixcar, respectivamente.

Precisamente sería un hermano de Boixcar el autor de esta colección que fue rubricada como Hombres del Mar, título algo más genérico de lo habitual, sin que éste señalara a personaje alguno. No así la trama, que recogía las desdichas y heroísmos de un joven alférez llamado Carlos de Santisteban y al que el amor por una mujer le lleva a convertirse en involuntario pirata. De ahí el título del primer cuaderno, El Caballero Pirata, que tenía su qué. 

José María Sánchez Boix, el autor gráfico y al parecer también literario, acababa de llegar a Toray ayudado por el buen nombre de su hermano. Boixcar se encontraba en plena ascensión al olimpo de los dioses con cabeceras como La Vuelta al Mundo de dos Muchachos o Hazañas Bélicas 1ª serie. Precisamente en esta serie bélica José María Sánchez Boix sellaría su primera colaboración con la editorial, al dibujar en solitario el cuaderno núm. 26 de la colección. 

A pesar de la gran influencia de Boixcar, --influjo afeado por su escasa destreza para el dibujo en ese tiempo-- J. Sánchez –nombre con el que firmó los cuadernos de esta colección— no debió dejar mucha huella en los lectores, como demuestra el escaso recorrido de la colección: tan sólo cinco cuadernos. En adelante, la labor que llevó a cabo como entintador de su encumbrado hermano le permitió mejorar su visión narradora y su plasticidad gráfica, hasta el punto de abordar en solitario una cantidad de obra considerable en series como Hazañas Bélicas 2ª Serie y Mundo Futuro, entre otras. 


Portada del cuaderno núm. 1 


Interior del cuaderno núm. 1  

domingo, 25 de agosto de 2013

UN HOMBRE EN LA LLANURA (Cliper, 1952)


Editorial: Cliper
Año: 1952
Ejemplares:  2

Dibujos:  Jesús Blasco
Guión: 
Tamaño:  14 x 18,5 cm.
Páginas:  8
Precio: 


Sin portadas, sin precio de venta, sin sello Editorial, sin fecha de publicación. Así fue lanzada al mercado esta mini colección que al perecer sólo contó con dos cuadernos; ambos ambientados en el oeste americano.

El protagonista es Smaley O’Hara, un vaquero --creación gráfica de Jesús Blasco-- que también tuvo cierto protagonismo en dos revistas de la editora Cliper a principios de los años cincuenta: Cimarrón y El Coyote. Lo que desconocemos es la forma de aparición de este mini formato de tebeo (14 x 18,5 cm.) Parece claro que no fue un cuaderno al uso, de los se podían comprar en el kiosco. Lo más probable es que se tratara de un suplemento o encarte, una de esas generosas propagandas que llegaban a manos del posible futuro lector insertadas en una determinada cabecera. Nos inclinamos a pensar que el vehículo fue la revista Cimarrón, al menos esa es la sensación que da observando las características narrativas y el tratamiento gráfico de uno y otro soporte. Por ese tiempo Cliper no daba puntada sin hilo; la competencia era dura y un regalo así suponía un valor añadido que hacía más atractivo cualquier lanzamiento. En este caso, como suponemos, el de Cimarrón. Es sólo una deducción; si hay alguien por ahí que pueda sacarnos de dudas lo agradeceremos.

Portada Núm. 1

Un hombre en la llanura es un relato de gran plasticidad, realizado bajo la técnica de la aguada por un Jesús Blasco en plena madurez creadora. Smaley o’Hara, el protagonista, un cowboy de incomparable puntería y decisión, cabalga por un paraje desierto y árido cuando una bala atraviesa su sombrero. Así empieza esta aventura desarrollada en dos cuadernos y que acaba cuando el protagonista logra detener a una banda de forajidos que pretende apoderarse de las tierras de un muchacha de armas tomar; la misma que unas viñetas atrás había disparado al protagonista confundiéndole con uno de los bandidos. 

Una pena que un trabajo tan preciso y detallista se viese mermado visualmente por el reducido tamaño en que fue publicado.  


Portada Núm. 2

sábado, 6 de julio de 2013

EL HOMBRE DE PIEDRA (Valenciana, 1950)



Editorial: Valenciana
Año: 1950
Ejemplares:  210

Dibujos:  Manuel Gago
Guión:  Pablo y Manuel Gago
Tamaño:  17 x 24 cm.
Páginas:  10 + cubiertas
Precio:  1,25 pta.






En 1950, Manuel y Pablo Gago sorprendían a propios y extraños con una creación atípica y admirable dentro de panorama autóctono del tebeo. Purk, el Hombre de Piedra. La colección se situada en el periodo lítico del hombre, un escenario apenas explorado por el tebeo español.

El Hombre de Piedra --sin Purk--, como de inmediato fue definida por Editorial Valenciana, representó un giro sorprendente en el quehacer de habitual de Manuel Gago. El autor estaba acostumbrado a personajes de capa y espada o de pistola en cinto, a intrigas palaciegas, detectivescas o aventuras selváticas, que eran los asuntos que el tebeo había tomado de la novela decimonónica y del folletín. Sin embargo, aquí, la atmósfera y las armas eran tan primitivas como el material del que estaba hechas estas últimas, de piedra.

Tampoco el tebeo español poseía mucha más experiencia. No me atrevo a asegurar si fue la primera incursión del tebeo en ese prehistórico terreno, pero si me apuran un poco juraría que así fue. Sólo recuerdo un acercamiento más o menos sutil de la editora Guerri en uno de sus cuadernos monográficos aparecidos en los primeros años cuarenta. Bajo el título En el Centro de la Tierra, contaba la historia de dos profesores de universidad adentrándose en una cueva en busca de restos prehistóricos. Y los encontrarán, incluso vivitos y coleando: seres de la era cuaternaria de lo más primitivo como pueden observar en la viñeta que figura a continuación.

 En el Centro de la Tierra (Guerri, 1940)
Viñeta interior

Tampoco el cine o la novela parece que pudieran inspirar en exceso a los hermanos Gago en tamaña aventura, aunque como recoge Pedro Porcel en su primoroso libro Tragados por el abismo, en la primera mitad del siglo XX se dieron algunos ejemplos más o menos cercanos al mundo reflejado por Purk. En todo caso, la apuesta por una cabecera de tales hechuras constituyó una propuesta tan novedosa como rebelde; un giro pleno de transgresión sectorial.

El Hombre de Piedra empezaba así su relato: “Hace muchos siglos, en la Edad de Piedra, cuando el hombre vivía en chozas o cavernas y se alimentaba de la caza y la pesca, hallándose casi continuamente en lucha con feroces y monstruosos animales, de los que se defendía con armas toscas por él construidas, había una gran tribu o familia en una región montañosa, dedicada casi por entero al pastoreo y al cultivo de algunos productos agrícolas”.

Cuaderno núm. 6

La gráfica no mostraba sin embargo a unos personajes con pinta de australopitecos, propios de un periodo establecido 2,5 millones de años atrás. La plasmación gráfica de Gago era pura perfección corporal; un personaje esbelto y musculado que poco tenía que ver con la idea preconcebida de los moradores de la época establecida por cromos y enciclopedias. Y es que las coordenadas históricas de la colección eran algo sui géneris, libertarias, como lo fueron la mayor parte de las colecciones del tebeo clásico español. Por la serie desfilaban dinosaurios y seres amorfos de mundos remotos, a mogollón, pero también aldeas de vida colectiva, con sus jefes; incluso algunas con sus reyes y reinas. Y por supuesto no faltó la ambivalencia de buenos buenísimos y malos malísimos tan característica de Gago. Tampoco el clásico triángulo amoroso, con un protagonista ciegamente enamorado sin sospechar las pasiones que despierta en otra mujer.

Fue la tercera gran creación del autor, después de El Guerrero del Antifaz y El Pequeño Luchador, aunque en mi opinión su escalafón cualitativo debería al menos subir un escaño por la enérgica ruptura temática que representó. Luego el número a número se encargo de demostrar que la ruptura se ciñó exclusivamente al escenario; lo otro, personajes, trama, idas y venidas del argumento, fue lo de siempre, el mix al que Gago nos tenía ya acostumbrados. Años después el dibujante repetiría escenario con Piel de Lobo (1959), una de las mejores colecciones de la factoría Maga, y Castor (1962). 

Cuaderno núm. 1


 Página interior del cuaderno núm. 2


viernes, 21 de junio de 2013

EL HOMBRE DE LA ESTRELLA (Bruguera, 1947)







Editorial: Bruguera
Año: 1947
Ejemplares:  26
Dibujos:  Borné y Martínez Osete
Guión:  Borné y P. Quesada
Tamaño:  17 x 24 cm.
Páginas:  16 - 10 + cubiertas
Precio:  1 pta.



1947 fue un año clave en el devenir de Bruguera. Al renacer de la revista de historietas por antonomasia del tebeo español, Pulgarcito, Bruguera sumó su apuesta firme y decidida por el cuaderno de esencia aventurera. Un periodo en el que el Rafael González ejercía desde hacía menos de un año de alma máter de la editorial; cargo que hoy podría definirse como Director Técnico.
Ese año vio nacer --además de la colección que nos ocupa-- cabeceras como Ted el Pelirrojo, El Caballero de las Tres Cruces, Brick Bradford y Ricardo Mantecas y Jorgito Apuros, siendo la colección de Borné la que alcanzaría mayor éxito: veintiséis cuadernos, una cifra sensiblemente superior a otra de las cabeceras encumbradas hoy por los aficionados al género, como es El Caballero de las Tres Cruces, que se quedó en diecisiete entregas. Sin duda, las portadas de Borné tuvieron mucho que ver en ello. Bellas y potentes como pocas en esos años. De hechuras rotundas y resueltas, tanto en lo gráfico como en lo cromático. Tampoco desmerecía el dibujo interior, a pesar de la ensalada de influencias o calcos que mostraba: Freixas, Gago, Raymond…, incluso Clarence Gray, Ferrando y Emilio Boix estuvieron presentes en los rasgos faciales o físicos de algunas viñetas desde el mismísimo número uno. Más tarde la fijación fusiladora de Borné se tranquilaría, dando lugar a un dibujo algo más personalista, aunque sin apartar del todo la mirada sobre Emilio Freixas. 

Cartel anunciador


Félix Borné había iniciado su andadura un par de años atrás en hispano Americana, concretamente en la serie Infantil de las Grandes Aventuras, que fue por otra parte la colección nodriza de muchos de los dibujantes del país en esos primeros años del cuadernillo. Hemos localizado hasta tres cuadernos firmados por el incipiente autor, cada uno de ellos ubicado en género diferente: un aventura en la jungla (Balik el Cruel), un western (El Vengador del Desierto) y un cuanto de hadas (El Hijo del Rajá), cada uno con sus filias correspondientes, incluido un extraño acercamiento a otro dibujante de esa época que tampoco se quedó manco a la hora de buscar referentes inspiradores, Ricardo Beyloc.  
El guión, obra en un principio de Borné y más tarde de Pedro Quesada, era tan previsible como atractivo para unos tiempos donde la exigencia lectora de los más jóvenes apenas existía. La acción tenía lugar en Lautemburgo, capital del reino de Suravia, donde nuestro héroe, cubriendo su rostro con una capucha y luciendo una estrella en el pecho, pondrá fin a la tiranía del Rey Adolfo con la ayuda de su fiel amigo Puño de Hierro. Aunque para ello tendrán que lidiar con una manada de energúmenos de armas tomar, en el sentido literal del término.
Al contrario que la mayoría de los héroes enmascarados, El Hombre de la Estrella, aparece en escena sin mayor coartada a su fijación justiciera. Ni un motivo ni una causa por la que luchar, salvo el talante bondadoso en favor de los más necesitados y contra la tiranía del que hace gala. Tampoco parece que existan razones a su personalidad clandestina, aunque no hemos podido examinar toda la colección.   
“Era el enigmático y temido personaje que intervenía siempre que era necesaria su espada justiciera: El Hombre de la Estrella. Así rezaba el texto que acompañaba la primera aparición del protagonista cuando éste acude en ayuda de un condenado a muerte. El reo –futuro Puño de Hierro--, una vez libre, le dirige estas palabras a su misterioso salvador: “Quienquiera que seáis, caballero, yo os bendigo con toda mi alma. Disponed de mi hasta la muerte. Soy vuestro esclavo”. Gente agradecida la del tebeo, sí señor. 

Los ejemplares núm. 14, 15 y 16 fueron obra de Martínez Osete. A partir del núm. 17 la colección pasaría de nuevo a manos de Borné.


Cuaderno núm. 1
portada y página interior