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domingo, 11 de febrero de 2018

ZARPA DE LEÓN (Toray, 1949)


Editorial:  Toray
Año:   1949
Ejemplares:  60
Dibujos:   Ferrando
Guion:   J. B. Artés
Tamaño:   17 x 24 cm.
Páginas:   10 + cubiertas
Precio:   1,25 ptas.



Aún hoy, Zarpa de León proyecta un áurea de colección grandiosa e incomparable. Es posible que la estima que abrigo por esta serie no sea del todo objetiva, pero no puedo evitar sentirla. Está ahí, palpitando aún en algún rincón de mi memoria: esa parte del cerebro que, a veces, un determinado advenimiento perturba de por vida. Viñetas de mis primeras luces lectoras, entre las que estaba presente este héroe criado entre leones. Sea como fuere, si tuviera que establecer un ranking con las diez mejores colecciones del tebeo clásico español de aventuras, Zarpa de León sería sin duda una de ellas. Incluso su autor, Ferrando, estaría también entre mis dibujantes preferidos. Una lástima que hoy apenas nadie se acuerde de este magnífico autor, creador esencial de los mejores héroes selváticos del tebeo español; émulos de Tarzán, entre los que se encuentra la presente colección y otras que le fueron a la saga, como Jorga Piel de Bronce, Dixon el Felino…, incluso Safari.

Emilio Giralt Ferrando llegó a Toray apenas constituida ésta. Tras varias escaramuzas exitosas en la colección Azucena y, sobre todo en la revista Chispa –con un personaje, El Corsario X, que opositaba a mejores cotas-- le fue encomendado un personaje que a la postre sería el primer gran éxito de la editorial en el segmento aventurero: El Diablo de los Mares. Cabecera, como apuntábamos, fruto de la buena acogida que había obtenido el mencionado filibustero de la revista Chispa.

La siguiente creación sería la que hoy aquí nos ocupa: Zarpa de León. Un guión vigoroso y lúcido, de tintes dramáticos y epopéyicos, en el que un bebé desamparado es criado entre leones. Historia quizá manida en el relato mitológico, desde Rómulo y Remo, pero que aquí venía a representar toda una novedad sectorial. Una narración que era un seguro de vida para la editorial, como luego quedaría demostrado. Muchas pantallas españolas aún mantenían frescas las imágenes de una película italiana de acogida multitudinaria, La Corona de hierro (1941), en la que un niño, Arminio --heredero al trono de Kindaor--, es abandonado en el Valle de los Leones con la intención de hacerlo desaparecer.


Número 1

Y así empieza esta historia, readaptada para el tebeo por J. B. Artés. Con un tirano usurpando el reino de Bagundia, asesinando a su rey y obligando a la reina a huir con su hijo de corta edad. Finalmente, la soberana también será asesinada, pero no así el bebé, que es depositado por su moribunda madre sobre una cestita en las aguas de un río subterráneo, cual profeta Moisés, y acabará siendo criado entre leones en el denominado Valle Maldito. Ahí, con la ayuda de un valeroso pastor y su perro, irá creciendo hasta que la curiosidad y la venganza se apoderan de él.

La colección fue saludada por Toray con el siguiente reclamo: “He aquí la maravillosa historia de un niño que, abandonado entre temibles leones, templa sus músculos en una dura escuela y vive una serie de fascinantes aventuras, de las que es el indiscutible héroe por su agilidad, fuerza y potencia”.

Ferrando estableció aquí un código estético y un escenario medievalista, de uniformes y guerreros, de reinos feudales, que tuvo gran influencia en el devenir del tebeo patrio. Colecciones como Castor el Invencible, El Príncipe Dani y El Caballero del rey, dieron fe de ello. Todas ellas de la mano de Martínez Osete, que tuvo en el autor de Zarpa de León uno de sus grandes referentes.  


Zarpa de León fue desgranado en el quiosco número a número, hasta un total de 60 entregas. A medida que el guion fue ampliando su minimalismo inicial y ganando horizontes, también las portadas fueron tomando mayor expresividad, con un cromatismo al servicio de la épica que aún hoy resulta conmovedor. Quizá la mejor cabecera de Emilio Giralt Ferrando.






































Portada y página interior de los cuadernos núm. 44 y 14, respectivamente

domingo, 4 de febrero de 2018

AZUCENA, bolsillo (Toray, 1949)

Editorial:  Toray
Año:   1949
Ejemplares:  11?
Dibujos:   Rosa Galcerán, Ayné, Boixcar, Juli...
Guion:   Varios
Tamaño:   8 x 17 cm.
Páginas:   24 + cubiertas
Precio:   1 pta.




Sorprende que Editorial Toray recurriera al formato bolsillo por vez primera con una cabecera que en su conformación estándar llevaba ya cuatro años en el quiosco y cuyo reinado en la parcela del llamado cuento de hadas era incuestionable. Corría el año 1949 y Azucena, la colección madre, llevaba ya publicados 112 números, --algunos con más de una reedición a cuestas-- cuando hizo su aparición este nuevo formato que quizá trataba de seducir a otro tipo de consumidor que no soy capaz de imaginar. Tal vez la decisión sólo fue una cuestión de practicidad, de acompañar al tebeo estándar de una versión más llevadera, fácilmente transportable en el bolsillo del consumidor. En ese mismo año, Hispano Americana, que era quien cortaba el bacalao en cuestiones de tebeos, había iniciado o estaba punto de hacerlo varias de sus series en ese mismo formato, Texas Bill y El Pequeño Sheriff, entre otras.

Pero el caso de Azucena bolsillo sigue siendo hoy todo un enigma de estrategia comercial, hasta el punto de haber constituido un caso único: una misma colección conviviendo al mismo tiempo en el quiosco en dos formatos distintos y con un mismo precio. Así que no fue tampoco una cuestión de precio --como podía pensarse de un formato como este--, en busca de bolsillos menos pudientes, algo que sí hicieron algunas editoriales. Entonces… ¿por qué? Quizá porque la cabecera empezaba a ser la gallina de los huevos de oro y se pensó que un nuevo formato, una nueva variable de consumo más llevadera y de fácil manejo, ampliaría aún más las ventas. No está nada claro. Lo cierto es que el invento de esta nueva presentación duró apenas unas semanas, obviamente fruto del escaso recibimiento que el público le deparó. Tan sólo hemos podido contabilizar once cuadernos. Poco bagaje para una decisión que sigue siendo un misterio.

Colección Azucena de bolsillo, como fue definida desde el dorso del primer cuaderno, contó asimismo con el concurso de Rosa Galcerán, que también estaba siendo el principal valor añadido de la colección madre. Su trazo, delicado, preciso y personalista, lleno de ternura y al mismo tiempo capaz de producir en el lector buenas dosis de angustia cuando la ocasión lo requería. Todo un referente del tebeo femenino, una creadora sin par, admirable y eterna. Además de Galcerán, también se asomaron a la colección firmas como las de Ayné, Juli y la del mismísimo Boixcar; este último en el cuaderno titulado La flor de la felicidad.



















Portada y página interior de uno de los cuadernos